miércoles, 30 de agosto de 2023

Bruma en la cueva

Bruma en la cueva

Fernando Caroy Rey (Daniel Fernando Bonfiglioli) 

DNI 21.898.454

En la montaña, tras los surcos en la nieve, iba dejando mi cabaña atrás. Quedaba custodiada por mis huskys y con seguridad por algún ángel de la guarda.

La cima ya no se veía, estaba resbalando a toda velocidad hacia el valle níveo y el bosque de pehuenes. El trineo tropezó y se dio vueltas dejándome boca arriba en el manto blanco. Los perros asustados ladrando, parecían pedir una explicación a lo sucedido en aquél valle nevado. Me puse de pie, sacudí el frío y tranquilicé a los huskys que eran seis. Reparé el trineo y monté otra vez en éste. Los perros excitados se conducían a más velocidad que antes.

Llegamos a la base de la montaña, donde se encontraba el camino para llegar hasta el pueblo. Desenganché los perros del trineo y empecé a caminar acompañado por ellos. Había mucho barro y las huellas eran profundas. Con mucho esfuerzo llegamos a la entrada.

Recorrí todas las cabañas y puestos uno por uno golpeando y llamando, jadeante y pálido imagino por la temperatura que sentía en mi piel. Casi sin oxígeno, y sin encontrar rastro alguno de humanos, me senté en la última de las casas que revisé en la infructuosa búsqueda. Era en absoluto misterioso, tampoco había líneas celulares o teléfonos activos. El pueblo estaba aislado y por consecuencia yo también. Estaba entrando el sol y no habría

posibilidades de volver a la cima de la montaña, a mi refugio. Sólo pensé que lo único que faltaba era que azotara una tormenta de nieve. Había dos vehículos en el pueblo pero ninguno logré poner en marcha. Aventajando la mala suerte, noté que había suficiente comida en la despensa para dos semanas. Tal vez en otras viviendas habría más. Bueno, igual, no pienso permanecer tanto tiempo aquí, o eso espero.

Encendí un sol de noche y puse leña en la chimenea para abrigarme y sentirme un poco más seguro. Trast! Trast!... un ruido violento me sobresaltó. Venía del fondo de la casa. Los perros estaban conmigo de modo que no podrían ser ellos. Ladraron tanto  y de forma tan agresiva que lograron asustarme. Investigando con mi linterna y otra vez la sensación de palidez fui a ver y era una ventana que golpeaba abriéndose y cerrándose, un viento sur fuerte estaba empezando a azotar la aldea. La habitación estaba oscura, solo iluminada parcialmente por mi pálida linterna. Cerré la ventana con algo de esfuerzo, y la trabé por dentro.

Volví al fuego de la chimenea y empecé a preparar la cena, para mí y los perros. Fue entonces que sentí otro ruido estrepitoso. Sonó afuera. Me dirigí en un arrebato a la puerta del frente y tire para abrirla de golpe. Inútil, hice fuerza y más fuerza y no logré abrirla. Tomé la cuchilla con la que estaba cortando alimentos y fui a la habitación contigua donde había trabado la ventana, le quité el seguro y tironeando de su manija no pude abrir tampoco.

Con sensación de tener toda mi sangre en los pies di la vuelta al escuchar un rugido extraño, una vez más no eran los perros. Había a cincuenta centímetros del techo dos ojos brillantes y luminosos acechándome. Era horroroso, se abalanzó sobre mí, intenté defenderme con la cuchilla pero me desvanecí.

Creía haber muerto pero de a poco empecé a salir del estado de sopor. Al abrir ya completamente mis ojos pude reconocer en la penumbra el rostro de Carina, la hija del almacenero del pueblo, que tenía mi cabeza sobre sus piernas y rodeaba mi cara con sus manos heladas. Yo también sentía frío.

Le pregunto: —¿qué ocurrió, dónde estamos?

—No lo sé, dímelo tú, parece una cueva. Tengo miedo, está oscuro y hay ruidos extraños —me responde Carina con ojos exaltados.

—¿Y tu padre? ¿Y los demás? —interrogo.

—No lo sé, al parecer nos separaron a todos —agregó Carina con cara de espanto—. He escuchado gritos y ruidos raros —dijo.

Cuando quise levantarme noté que no sentía las piernas, me toqué y pude sentir una perforación en una y tenía una gran astilla en la otra. No sentía dolor, no sentía las piernas!

—Carina, presta atención —dije—Debes buscar la forma de salir de esta oscura cueva, yo no puedo caminar. Ve y regresa por mí. Necesito atención médica lo antes posible.

—Tengo mucho miedo, está muy oscuro, apenas puede distinguirse algo a un metro de distancia. Aparte esos ruidos de sierras mezclados con gritos dejan mi cuerpo inmóvil.

—respondió ella.

—Lo sé, lo entiendo, pero aún así debemos hacer algo. Es decir tú debes hacerlo. Yo estoy impedido —dije.

—Está bien, está bien, no sé cómo pero lo haré. Daré una vuelta por la cueva. —Mira Carina, llevo colgado del cinturón mi linterna de luz pálida, anda, llévala contigo. Seguro algo alumbrará.

—Está bien, está bien, no sé si me animo —llorisqueó, tomó la linterna y emprendió la marcha mirando a cada paso hacia atrás, como si nunca más nos fuéramos a ver.

Yo me quedé tratando de sacar la astilla de mi pierna derecha. La izquierda tenía una perforación circular de tres centímetros a la altura de la cara externa del muslo. Lo extraño era que no sangraba. Cuando logré sacar la astilla empezó a derramarse sangre, no en mucha cantidad y lo alivié haciendo un torniquete con la manga de mi camisa. El frío parecía aumentar. Aún no sabía porqué no sentía mis piernas ni podía incorporarme.

Esperé largo rato, tal vez más de cuarenta minutos y sentí unos pasos acelerados que venían hacia mí.

—¡Ricardo! —dijo Carina exitada.

—Carina, por fin, dime que traes buenas noticias.

—No, no muy buenas —ella se hizo a un lado, se tomó el vientre descompuesta y comenzó a vomitar—. No lo creerás. Nos secuestraron seres que por su aspecto son alienígenas. En la pieza contigua pude ver a todos los habitantes del pueblo acostados unos al lado del otro mientras le inyectaban alguna sustancia efervescente que o los inmoviliza o los mata.

—Calma niña, calma si puedes. Es espantoso lo que cuentas. Pues bien, tenemos escasas posibilidades de sobrevivir.

—Ya lo creo —contestó Carina.—Los alienígenas estaban aserrando maderas también, mientras otros de ellos terminaban con la vida de todos —se dio vuelta y otra vez vomitó.

En un breve tiempo sintieron los dos dentro de su mente que los acechaba una mirada penetrante de dos ojos violetas en el rincón de la cueva.

Empezaron a levitar, un vaho los envolvió, Ricardo alcanzó a susurrar el nombre de Carina y nunca más se supo de ellos.

Los huskys desolados ladraron en la intemperie, a un lado de la cueva viendo como ascendía un círculo meloso de aire con vetas lilas, azules y pardas.




domingo, 13 de agosto de 2023

Acróstico

 Lo encontré revisando el viejo cofre abandonado en el altillo por años. El abuelo con nostalgia de sus antepasados estaba revisando, sin entender, según me dijo, un antiguo manuscrito de enigmática poesía.

- Greco, qué estás buscando? - aunque la pregunta hubiése sido más correcta si interrogaba acerca de que había hallado, puesto que estaba explorando con minuciosidad de investigador un viejo escrito a mano, que llamaba su atención, no tanto por su antigüedad, como por su aspecto extranjero de acuerdo a su contenido y por lo local con respecto a su lenguaje.

- He hallado este raro manuscrito en el cofre. No sabía que el baúl lo tuviera. Por años lo he revisado cada determinado período de tiempo y nunca había notado su existencia.

- ¿Qué contiene, Greco?

- Objetos de mis antepasados.

- Me refiero al escrito, no al cofre; ya sabes.

- Ah, te refieres a esta rara poesía.

- Sí, ¿de qué tema trata? ¿quién la escribió?

- Quien la escribió no sé. Acerca de que trata podrías observarlo tú mismo. ¡Acércate, y lee!.

La tomé entre mis manos con la sensación de que me estaba entrometiendo en algo que tal vez no fuera de mi incumbencia. El texto decía en una letra clara y  con precisa expresión:


Al oeste de las columnas de Hércules

Tenían su ubicación

Lejos de tierras continentales

Área del Dios Poseidón

Nueve

Tierras formando

Islas

Divididas 

Aguas por medio.


- Díme, hijo; ¿qué entiendes tú?.

- No sé. Por un lado menciona al héroe máximo de la antigua mitología griega, Por otro habla de Poseidón que es conocido como el dios mitológico del mar.

- Eso tendría relación con lo de las islas divididas aguas por medio, ¿te parece?

- Sí, debe estar relacionado, pero no entiendo.

- ¡Qué no interpretas!

- No, claro que no.

- Verás, lo que hallé en éste pequeño cofre no hace más que confirmar la vieja leyenda de la existencia de una isla.

- ¿A qué te refieres, Greco?

- Es un acróstico

- ¿Un qué?

- Un acróstico. Lo usaban los griegos, aunque también los romanos. Consiste en la formación de una palabra o una frase a partir de las letras iniciales de un texto escrito en versos. La letra inicial de cada verso forman en conjunto la palabra.


- Al oeste de las columnas de Hércules, A

- Tenían su ubicación, T

- Lejos de tierras continentales, L

- Área del Dios Poseidón, Á

- Nueve, N

- Tierras formando, T

- Islas, I

- Divididas, D

- Aguas por medio, A.


- ¡Por supuesto!, la palabra que te refieres es Atlántida, ¿verdad Greco?

- Sí, exacto. Según el texto, la Atlántida existió al oeste de las columnas de Hércules, probablemente en el océano Atlántico.

- Te das cuenta: ¡la Atlántida existió!

- Sí, por lo menos, esto así lo documenta. La Atlántida debió ser real.


Pasmados por el descubrimiento y tiesos por la emoción, Greco y yo, quedamos soñando con aquella isla legendaria a la que nos acercó el misterioso acróstico oculto en el viejo cofre de recuerdos.


domingo, 23 de julio de 2023

Lejos y Cerca


Hay una cosa que puede estar lejos y cerca a la vez. Cuando la distancia te separa de ella y todo parece inalcanzable, si miras en la profundidad, puede estar ahí, muy cerca tuyo.

Cuando está cerca tuyo puede darse la ironía de que lo sientas muy lejano, pero recuerda, ahí está, contigo.

Cuando lo recuerdes, aunque hayan pasado años, y creas que está lejos, dejará de estarlo, para acercárcete.

Cuando lo vivas, y creas que se aleja de tí, es porque lo tienes muy cerca, y no sabes darle vida y nutrirlo.

Si lo pierdes, creerás que se alejo para siempre de ti, pero si miras a tu alrededor, descubrirás que aún permanece rondándote, cerca tuyo.

Si lo ganas, te sentirás felíz y pleno, pero recuerda que debes respetarlo, sino, podría alejarse de tí, y dejarte su profunda huella.

Según como lo recuerdes, si es que ahora lo sientes lejos, podrá estar muy cerca, y si es que ahora lo sientes cerca, podrá estar muy lejos.

Según como lo vivas y lo compartas, puedes sentirlo más cerca que lejos, o más lejos que cerca.

Según como lo conquistes te sentirás digno de tenerlo cerca, o culpable de tenerlo lejos.

Yo lo tuve cerca mío, pero a la vez lo tuve muy lejano.

Cuando lo tuve muy lejano, y lo recordé volví a sentirlo.

Cuando lo viví, tuve la experiencia de perderlo, se alejó de mí, cuando fue el momento que más cerca pudo estar. Tal vez no lo nutrí.

Cuando lo perdí, creí que siempre iba a estar lejos de mí, pero observando descubrí, que aún permanecía cerca mío, aunque de otras formas. No obstante, allí estaba: rondándome.

No llegué a ganarlo, de la forma que deseaba, pero tal vez lo hice, y no lo advertí.

Cuando lo recuerdo, siempre siento su presencia. A veces, ni hace falta recordarlo. El sólo vuelve y habita en mí.

Cuando lo compartía lo sentía más cerca que lejos, y a la vez más lejos que cerca.

Pero al fin comprendí, que el no cambia nunca. Sólo sus objetos. Pero el permanece allí, en la profundidad de tu ser. Puede estar más cerca o más lejos, pero siempre podrá alejarse o acercarse.

No te desalientes, ni cuando esté lejos, ni cuando esté cerca, de una u otra forma siempre recibirás y darás amor.


domingo, 16 de julio de 2023

El club de los pequeniños

 Martina era feliz en su cocina, ya era un hecho para todos que sería cocinera profesional. En sociedad con Agu y Flopi iban a abrir su primer restaurante. Fundaron el comedor “El Club de los Pequeniños” en Diciembre, unos días antes de Navidad. Cocinaban ricas hamburguesas preparadas con pan de sésamo, mayonesa, lechuga, tomate, una hamburguesa con queso derretido y un omelet encima, antes de la tapa de pan de arriba. A los niños les salía esa comida exquisita. Era la preferida por todos en el Club.

Martina un día decidió innovar en sus recetas basando su inquietud en que los niños deben comer de todo, probar cualquier tipo de alimentos y alimentarse con verduras y lácteos a parte de carnes y pan.

Cuando Martina cortaba los pimientos y éstos despedían su característico olor, lo hacía delante de sus niños clientes para que apreciaran en conjunto las cualidades de su cocina. Ponía en una sartén zanahorias cortadas en rodajas sobre el cuenco untado en aceite de oliva. Luego agregaba los pimientos en finas y delicadas tiritas, cebolla en juliana y a deleitarse con la comida luego de unos minutos. Los chicos la aceptaron de buen grado a la receta. Les apetecía descubrir nuevos gustos, jugar con las texturas, los colores y la combinación de sabores.

Agu y Flopi colaboraban ambos muy entusiasmados para descubrir como cocinar y probar nuevas recetas.

Llegó el día del niño y había uno de los clientes, un pequeño que nunca quería comer otra cosa que no fuera hamburguesa, y entonces Martina, la cocinera a cargo del restaurante, le propuso como regalo, a parte de los juguetes, una degustación de comidas variadas. Verduras al horno por un lado y pollo asado con salsa de hongos por el otro. Las verduras que puso al horno eran zanahorias, papas y calabacín cortados en finas rodajas. Quedó todo muy rico y bien cocido, y como el niño presenció todo el proceso de cocción se entusiasmó, decidió probar y le encantó. Fue muy agradecido con Martina y le dio un abrazo y prometió comer de todo de ahora en adelante. Le aseguró que nunca pensó que fueran tan ricas las verduras y las distintas salsas, como la de hongos del pollo.

Martina, Agu y Flopi estaban felices con su emprendimiento y siguieron adelante con la premisa que cualquier niño puede disfrutar todos los sabores de la cocina y alimentarse de ese modo muy bien.


Bendiciones, bendíceme, bendícenos. Amén.

En el nombre del Padre. Amén.

domingo, 28 de mayo de 2023

Moon and sun. Luna y sol

 The moon white and clear

in love to the yellow sun

during grow health

red blood in the human¨s

doing couples

husband and wife

in love between

moon and sun

bless earth

reech in time.


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La luna blanca y limpia

en amor al sol amarillo

a través de un crecimiento saludable

La roja sangre de humanos

en pareja

de esposos y esposas

entre amor de luna y sol

bendiciendo la tierra

rica en tiempo y salud.


.....................................


Green forest

compare them and me

in love live

between man and woman

blue and rose

searching home

where love in deep heart

white lovers

independence

in time moral sweet.


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El bosque verde

se compara entre ellos y yo

en una vida de amor

entre un hombre y una mujer

azul y rosa

buscando hogar

donde se encuentra el amor profundo del corazón

amores blancos de independencia

en tiempos y acciones de moral dulce.

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Daniel Bonfi

DNI 21898454


Bendiciones. En el nombre del Padre. 

Amén.



sábado, 8 de octubre de 2022

Driblin el beagle

 

Driblin iba trotando y suelto con Fernando que venía caminando tras él.

Fernando llevaba al perrito a una plaza. El pichicho se ponía loco de contento correteando entre niños y dónde también se curaba con algunos yuyitos del lugar.

En eso apareció Lorena con un “imponente” Caniche Mini Toy que le habían dejado unos amigos para cuidar mientras se iban de vacaciones.

El perro de Fernando es un Beagle. Los dos cachorros se pusieron a correr y jugar sobre el parejo césped de la plaza.

En su casa Driblin, le contaba Fernando a Lorena, que le gustaba dormir en su cucha acolchada y cómoda. Decía que algunas veces hasta dormía boca arriba como si fuera humano. Algo como que le faltaba hablar nada más.

“Driblin es un perro fiel y activo. Lo llevo a caminar todos los días por algún espacio verde de la ciudad.” Contaba Fernando orgulloso.

Cuando las mascotas se cansaron de jugar, fueron con sus dueños a terminar la tarde con una fiesta de bocaditos para perros. También le dieron agua en un platito que cada´ uno llevó con ese fin. Vertieron el agua de una botella en los recipientes y los perritos se sacaron las ganas de tomar agua.

Luego, mientras dormían las mascotas, Fernando y Lorena se pusieron a jugar a la generala hasta que descansaran los perritos.

 

Bendiciones. En el nombre del Padre. Amén.


domingo, 29 de mayo de 2022

Azahares de café

1

 

Las casas de té

Abrumadas de gente

Entre café y café

Festejan el día nacido

Entre medialunas

Y manteca.

La felicidad retoza

Entre amigos

Parejas

Y otros con notebooks

Viviendo la experiencia

Del ser

Ese ser inquieto

Y tranquilo

Lleno de amor

Y familia.

La vida es un constante

Desayuno

Nos levantamos y volvemos a vivir.

 

 

2

 

Al abrigo de un desayuno

Viví la vuelta a la vida.

Ya sin cadenas

Con nueva personalidad

Me gusta la libertad

Me gusta el amor familiar

Y de otras personas

Que van apareciendo

En mi vida llena

De afectos cercanos

Y no tanto.

El desayuno está servido

Vuelvo a vivir.

 

 

3

 

El aroma al café

Aspiré otra vez

Mis sentidos repletos

De felicidad y placer.

Danzan en desayuno

Tranquilo al tamiz del sol

Entre clima frío y bufandas

Mi poesía renace.

Entre alborotos

De mesas cercanas

La tranquilidad prima

En la mía.

Notebook café

Y poesía.

 

4

 

Mesas vecinas

Ruido mundano

Al acecho de internet

Entre celulares y notebooks

Desafiamos la camaradería

Solo nos salvan y rescatan

Fotografías y páginas

De belleza cuando

El elegir es la norma

Bluetooth wi fi

La conexión es grata.

No reeemplaza a las personas

Pero aletarga

El dolor de la soledad

Que yo no siento

Pero otros sí.

Yo no quiero alboroto

Ni ruido en mi vida

Siempre estoy bien

Y más al abrigo

Y sosiego de la escritura

Labriega.

 

Daniel Fernando Bonfiglioli

DNI 21898454

Daniel Bonfi

Bendiciones.

En el nombre del Padre. Amén.

 

lunes, 1 de noviembre de 2021

Agustin y Flopi en la isla del tesoro

 



Daniel Bonfi copyrighted



Agustin y Flopi en la isla del tesoro


DANIEL BONFI




1- El mar


Agustín prefirió esperar junto al kayac. El día estaba luminoso, el sol inundaba el mar, el oleaje del mar  mojaba la arena de la playa. En la playa había una competencia de canoas. Los niños, todos de siete años como exigía el reglamento abundaban de buen humor. Sonrientes y ansiosos esperaban el inicio de la prueba. Había que remar hasta una boya cien metros adentro, las olas no eran grandes, el océano estaba quieto. El kayac de Agustín era azul y tenía grabado con aerógrafo en la parte superior de la popa en llamativos colores rojo y negro la imagen del hombre araña y en la proa un Snoopy surfista. Tenía el número diez en la parte posterior de la camiseta que identificaba a los participantes y la S de Superman en el pecho.

En el puerto, Agustín admiraba con mirada soñadora un gran submarino científico que solía estar amarrado una vez por semana, los días Sábados. Era la comparación de éste con su canoa el vínculo que hacía crecer su pasión por su kayac y el mar.

Cuando eran las cuatro de la tarde la prueba de velocidad empezó, los participantes eran veinte. Todos con gran vitalidad y energía remaron hasta la boya. Agustín remó con fuerza y concentración y logró obtener el primer lugar. El premio era una enorme copa dorada con un kayac en lo alto. El mar le daba así otra alegría a Agustín.



2- Aparece y desaparece


Era Sábado por la tarde, ahí estaba Agu y el submarino. Un hombre aparece y desaparece en la cubierta. El niño pedaleando con su bici se acercó al sitio donde aquel aparato estaba amarrado. El hombre de la cubierta apareció detrás de él. - Qué buscas niño? - preguntó - y Agu se fue. El aspecto del marinero era tenebroso.



3-  La mancha negra


Agustín siguió a toda carrera por los corredores libres que dejaban los contenedores que esperaban ser transportados por algún barco de carga. La curiosidad hizo por fin detenerlo y pensar que sería la mancha negra que el marinero tenía tatuada en su brazo derecho entre el codo y el hombro. No tardó en tener la idea de ir a espiar para observar de cerca el tatuaje del hombre.

Se acercó con su bici hasta ubicarse detrás de unos tambores de combustible, se bajó de la misma, la apoyó en el suelo con cuidado y se puso a observar sin perder pisada las tareas del marinero, dispuesto a acercarse durante algún descuido. Lo vio cargar cajas durante una hora al submarino. Se preguntaba que contendrían éstas.

Luego de un rato el marinero se dispuso a descansar. Para ello se apoyó de espaldas en un contenedor y extendió sus piernas sobre el suelo. Después de un breve tiempo se durmió. Agu aprovechó el momento para acercarse. En puntas de pie, sin hacer ruido y casi sin respirar observó con calma el tatuaje en el brazo. Notó que tenía un escrito en el centro de la mancha.



4- El escrito


Agustín, quién le gustaba leer y sabía hacerlo bastante bien no tardó en comprender el garabato. Decía el escrito: “muelle tres, cofre negro”.

Agu se alejó del hombre y se sentó pensativo junto a su bici. Qué había en el muelle tres, cofre negro?



5- El cofre


Lo primero que hizo Agu fue ir transportado por su bici al muelle tres. Debajo de la inscripción en la pared que lo identificaba había un pequeño dibujo de una flecha que señalaba hacia abajo. Agu notó que la tierra no estaba pareja y se puso a escarbar. Así fue que encontró un pequeño cofre negro.



6- Los papeles


Había en el cofre negro, un auto en miniatura de oro en cuyo baúl tenía unos misteriosos papeles doblados. Agu los desplegó y comenzó a leerlos con la gran habilidad que había adquirido para hacerlo durante su primer grado de escuela.

Pudo informarse Agustín, mediante los papeles sobre la existencia de una isla deshabitada ubicada en un lejano lugar rodeada por muchos kilómetros de agua salada del inmenso océano. En ella, decía uno de los papeles se hallaba un tesoro escondido en la copa de un árbol frondoso y añoso.


7- Voy a la Isla del Gran Tesoro


Agutín se quedó con el mapa que ubicaba el árbol dentro de la isla en el que estaba el tesoro. Enterró el cofre en el mismo lugar, subió a su bici y emprendió el regreso a su casa. Dentro de su habitación y observando el mapa, tomó la decisión: voy a ir a la isla del gran tesoro.



8- En el puerto


Al día siguiente, Agu fue otra vez al puerto a vigilar que no zarpe el submarino. Detrás de la puerta de un galpón escuchó al abominable marinero del tatuaje, decir a su tripulación que zarparían en dos días para dar con el tesoro. Agu pensó que eso le daría tiempo para organizarse. Empezó entonces a pedalear en su bicicleta por el puerto en busca de un medio para llegar hasta la isla.



9- La moto acuática


Recorriendo el lugar, Agu vio una moto acuática, con lo que pensó con rapidez que ese podía ser el transporte adecuado para viajar hasta la isla ya que lo podría manejar con cierta facilidad. El inconveniente era que no era cómoda para transportar víveres o combustible extra. Explorando un poco más el puerto encontró un bote a remo, liviano y chico que podría remolcar con la moto de agua. Así que decidió emprender el viaje al día siguiente en horas de la madrugada para llegar un día antes que los temibles marineros.



10- El viaje


Estaba Agustín enganchando el bote a la moto acuática a las seis de la mañana. En el bote había colocado con cuidado el combustible y los víveres que consistían en cinco pizzas, ocho gaseosas, siete botellas de agua mineral, una bolsa de caramelos, cinco sandwichs de milanesas. Pensaba dar la vuelta en cinco días.

Con todo armado inició el viaje. Aceleró la moto, el bote detrás y se internó en el mar mientras iba observando su brújula.



11- La isla


A las dos de la tarde, llegó Agu a la isla con su moto, su bote y sus víveres luego de haber cargado dos veces combustible. La isla tenía un aspecto paradisíaco. Agu ocultó la moto acuática y el bote detrás de unos arbustos y se internó en la isla. Había árboles de entre cinco y siete metros de altura, de copas frondosas. Se veía una gran montaña hacia el centro de la isla, detrás del tupido bosque. Agu había desembarcado en un pequeño golfo donde el agua era transparente y la playa de abundante arena.



12- La niña de la isla


Iba Agustín explorando el bosque cuando de pronto vio a lo lejos correteando entre los árboles una pequeña niña que Agu estimó tendría unos cuatro años de edad. Quiso alcanzarla pero la perdió de vista.



13- Los marineros


Al día siguiente Agu vio desde la costa, al despertar la silueta del submarino sobresaliendo en el mar y notó que estaban desplegando un bote de goma tres o cuatro marineros sin duda con la intención de llegar hasta la isla. Rápido, Agu se internó en el bosque con la ansiedad de encontrar el tesoro antes que ellos. La pequeña Flopi cómo había decidido llamar Agu a la inquieta hada del bosque iba correteando y a los saltos mostrándole desde lejos el camino a Agustín.



14- El tesoro


De repente Flopi desapareció de la vista de Agu. Al frente de él había un árbol de hojas amarillas, diferenciado del resto de la arboleda por el color de su follaje y por estar al pie de la montaña erguido sin nada alrededor. Sospechó Agu que ese sería el árbol de la isla del tesoro.

Cuando se disponía Agustín a trepar a la copa del árbol escuchó gran alboroto. Venían a escasos metros tres de los marineros cantando y riendo. Agu volvió al bosque y se agachó detrás de un árbol para espiar a los tenebrosos hombres. Cuando ellos alcanzaron la copa del árbol comenzaron a maldecir. El tesoro no estaba. En ese instante y por tres metros a la redonda del árbol empezó a hundirse la tierra en una gran trampa. Los tres marineros cayeron dentro y era imposible salir.



15- Flopi y Agustín comparten el tesoro


Flopi que era la guardiana del tesoro guió a Agu correteando por el borde de la montaña y haciendo gestos con la mano hasta una gruta ahuecada en la base de las rocas. Ahí, sabiendo que Agu era el elegido para ayudarla a cuidar del tesoro, destapó un paño rojo mostrando de esa manera el codiciado tesoro. Agustín deslumbrado aceptó en un pacto de amistad con la pequeña hada, cuidar el “libro de los niños buenos” que era el gran tesoro de la isla.

Fin


Bendiciones.

En el nombre del Padre. Amén.