domingo, 13 de septiembre de 2026

Dos buzos y el Yetrew

 

En un lago al amanecer, dos buzos en una lancha pequeña con motor fuera de borda estaban terminando de vestir su anatomía con neoprene para sumergirse. Tubos de oxígeno tenían dos cada uno.

La inmersión era inminente, el objetivo tal vez dispar. Estaban buscando el lugar de un pequeño naufragio. Roque y Daniel se pusieron de pie luego de colocar sus patas de rana en sus pies.

El lago era amigable pero muy, muy, oscuro. El equipo constaba de traje de neoprene, patas de rana, linterna de mano, dos tubos de oxígeno, máscara facial para proteger la nariz y los ojos, También tenían un reloj cada uno.

Los objetivos eran dos. El primero encontrar el plano guardado en un compartimiento hermético, plano de un tesoro oculto en una de las orillas. Y el otro era rescatar los enseres de los marinos que sufrieron el hundimiento de su lancha,

Sentados y de espalda con un pequeño balanceo hacia atrás se sumergieron los dos buzos entrenados para nadar en aguas oscuras.

Tres metros de inmersión y pasaron a tener una visibilidad de 20 cm.

Surgió desde el abismo acuático un reflejo blanco potente que lo divisaron desde seis metros antes de llegar a la nave hundida. Se trataba de la “Esfera del Yetrew” el guardián de los bosques. Los buzos se arrimaron a él y éste con un gesto delicado le alcanzó el recipiente hermético con los citados planos.

El Yetrew surgió del fondo a la superficie del lago, atrayendo a los buzos hacia arriba con el vacío provocado.

Luego de mirar el mapa del tesoro navegaron el bote hacia la orilla. Subieron a tierra y a ciento veintitrés metros encontraron un monolito que tenía el “brote sagrado”. Emocionados le entregaron al Yetrew y él al tocarlo fecundó de verde prístino toda la isla del “espíritu del bosque”

FIN

DANIEL BONFI


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