martes, 11 de agosto de 2026

Kurten 2 - Capítulo 5

El Nautilus emergió al amanecer, cuando el cielo sobre Alejandría comenzaba a teñirse de cobre y azul. Kurten permanecía en la cubierta superior, con una mano apoyada sobre la baranda húmeda y la mirada fija en la línea de la costa. La ciudad se levantaba ante ellos como una aparición antigua: columnas medio enterradas por la bruma, torres nuevas que brillaban bajo el sol naciente y un puerto lleno de voces, velas y motores. 

Krilea salió detrás de él, abrochándose la capa de viaje. Durante días habían cruzado aguas inciertas, siguiendo mapas incompletos y señales que parecían cambiar cada vez que alguien intentaba leerlas. Sin embargo, al ver Alejandría, ambos supieron que habían llegado al punto exacto. Algo en aquella ciudad los esperaba. 

Descendieron del Nautilus al muelle principal y avanzaron entre comerciantes, marineros y guardianes vestidos con túnicas claras. No buscaban tesoros, ni reliquias, ni promesas de poder. Buscaban una pieza mencionada apenas en los fragmentos del Legado de Door: un objeto capaz de sostener, unir y recordar los hilos rotos de la historia. 

La encontraron en una cámara subterránea bajo los restos de una biblioteca olvidada. Estaba suspendida dentro de un círculo de piedra negra, protegida por símbolos que ninguno de los dos había visto antes. No era grande: cabía entre las manos de Kurten. Pero al acercarse, el aire cambió. Las antorchas dejaron de parpadear, el polvo quedó inmóvil y el silencio pareció hacerse sólido. 

—El núcleo de continuidad —susurró Krilea, con una mezcla de asombro y respeto. 

Kurten no respondió de inmediato. Extendió las manos y, cuando sus dedos tocaron la superficie del núcleo, una corriente tibia le recorrió los brazos. Vio destellos: ciudades que no conocía, caminos que se desdoblaban, voces antiguas llamándolo por nombres distintos. Luego todo desapareció, y solo quedó la pieza brillando con una luz suave, como si respirara. 

Al regresar al Nautilus, Kurten y Krilea apenas pudieron contener la emoción. Sobre la mesa de navegación desplegaron cartas marítimas, anotaciones viejas y una brújula de cristal que reaccionaba al brillo del núcleo. La aguja no señalaba el norte: apuntaba hacia una isla marcada con tinta verde, rodeada por advertencias escritas en idiomas casi borrados. 

Ompa Isar —dijo Krilea, inclinándose sobre el mapa—. Si las leyendas son ciertas, allí podremos estabilizarlo. 

Kurten sonrió por primera vez desde que habían entrado en Alejandría. No era una sonrisa de alivio, sino de propósito. Habían encontrado una pieza que podía cambiarlo todo, pero también habían comprendido que no les pertenecía. Debían llevar el núcleo de continuidad hasta Ompa Isar antes de que su energía comenzara a alterar los caminos del tiempo. 

La ruta no sería sencilla. Entre Alejandría y la isla se extendían corrientes traicioneras, bancos de niebla y arrecifes que aparecían solo durante la marea baja. Aun así, Krilea ya calculaba provisiones, turnos de guardia y posibles refugios. Kurten, por su parte, revisaba el compartimento donde guardarían el núcleo durante la travesía. 

Antes de partir, ambos acordaron una última condición: al llegar a Ompa Isar no irían directamente al santuario señalado en los mapas. Primero buscarían la cueva de las mareas quietas, un refugio natural donde podrían reponer fuerzas, curar el cansancio del viaje y escuchar, lejos de todo ruido, lo que el núcleo intentara revelarles. 

Cuando el Nautilus abandonó el puerto de Alejandría esa misma noche, la ciudad quedó atrás como una constelación terrestre. Kurten y Krilea permanecieron juntos en la proa, observando el camino oscuro que se abría sobre el mar. Entre ellos, guardado en silencio, el núcleo de continuidad latía con una luz constante, como si supiera que su verdadero viaje acababa de comenzar.

 


sábado, 1 de agosto de 2026

Kurten 2 - Capítulo 4

 

El Nautilus avanzaba como una sombra de acero bajo la piel inquieta del mar, dejando atrás las aguas conocidas y internándose en una ruta que parecía escrita por las estrellas. Kurten permanecía junto al ventanal de observación, con los brazos cruzados y la mirada fija en la inmensidad azul que se abría ante ellos. A su lado, Krilea seguía el lento desfile de peces luminosos y corrientes profundas, maravillada por aquel mundo silencioso que respiraba lejos del sol. 

—Alejandría —murmuró ella, como si pronunciar el nombre bastara para convocar sus torres, sus bibliotecas perdidas y sus mercados perfumados de especias—. Siempre creí que era una ciudad hecha más de memoria que de piedra. 

Kurten sonrió apenas. Había oído ese nombre muchas veces, en mapas descoloridos y relatos de marineros que hablaban de faros imposibles, de sabios desaparecidos y de puertas ocultas bajo la arena. Pero ahora Alejandría no era una leyenda distante: era el punto hacia el cual vibraban las brújulas del Nautilus, el destino que aguardaba más allá de las aguas del Mediterráneo. 


 


miércoles, 15 de julio de 2026

La colina del río Marrell


Agustín y Flopi habían escuchado hablar de la colina del río Marrell desde que eran chicos. Decían que, al caer la tarde, el agua cambiaba de color y reflejaba secretos antiguos, como si el río guardara historias que solo se animaba a contarle a quienes llegaban con el corazón atento.

Una mañana de cielo claro, los dos decidieron subir hasta la colina. Llevaban una mochila con mandarinas, una libreta para dibujar mapas imaginarios y una pregunta que ninguno se atrevía a decir en voz alta: ¿sería verdad que en lo alto vivía alguien capaz de escuchar al río?

El sendero era angosto y estaba cubierto de pasto dorado. A cada paso, el murmullo del Marrell se hacía más fuerte, hasta que parecía acompañarlos como una canción. Flopi fue la primera en verla: una chica sentada sobre una piedra lisa, con el pelo moviéndose al ritmo del viento y una sonrisa tranquila, como si los hubiera estado esperando.

—Soy Marti Soles —dijo ella, sin levantarse—. Y ustedes llegaron justo cuando el río está por contar algo importante.

Agustín miró a Flopi, sorprendido. Marti les explicó que la colina no era mágica porque hiciera aparecer tesoros ni puertas secretas, sino porque ayudaba a recordar lo que uno llevaba escondido adentro. El río Marrell, según ella, no hablaba con palabras: hablaba con reflejos, con remolinos, con hojas que viajaban sin apuro.

Los tres se sentaron en silencio. Entonces, sobre la superficie del agua, Agustín creyó ver una casa llena de risas; Flopi distinguió un puente que todavía no existía; y Marti Soles señaló una pequeña luz que avanzaba río abajo.

—Eso es lo que viene —susurró Marti—. No siempre se puede saber qué forma tendrá, pero sí podemos caminar hacia allá juntos.

Cuando el sol empezó a bajar, la colina se volvió naranja y el río pareció encenderse. Agustín abrió la libreta y dibujó el camino. Flopi agregó flores, piedras y una flecha enorme que decía: “volver”. Marti, en cambio, escribió una frase pequeña al pie de la hoja: “Algunas amistades empiezan como un secreto del paisaje”.

Desde aquel día, Agustín y Flopi regresaron muchas veces a la colina del río Marrell. A veces encontraban a Marti Soles esperándolos; otras, solo hallaban el viento, el agua y la certeza de que algo bueno había nacido allí. Y aunque crecieron, cambiaron y tomaron caminos distintos, siempre supieron que había un lugar donde el río seguía contando historias para quien quisiera escucharlas.

 

Daniel Bonfi

 

miércoles, 6 de mayo de 2026

Borradores con IA


Me reservo derecho total de crear obras con IA para distribución gratuita y comercial y firmar como Daniel Bonfi. 

Puedo crear con IA un borrador de argumentos propios derivados de mi narrativa en condición de obras anteriores y también una segunda parte.

Me reservo también la posibilidad de escribir guiones cinematográficos y poesías.

Me reservo los derechos de investigar cualquier tema y escribir libremente en consecuencia mientras marcas, lugares y demás mientras se respete el buen gusto y no se difame el tema en cuestión.

Esto se debe a que gran parte de la IA fue entrenada por mi mediante interfaz cerebro computadora.

El pago a favor de los autores y editoriales lo debe integrar mediante el plan Cereno la Administración Central Internacional de IA de Alemania AG.

Por lo mismo y por el acoso que sufrí voy a cobrar 5% de toda obra literaria o poesía en el contexto del plan Cereno sin perjuicio del 100%

Asimismo propongo que quien pierda el trabajo por quedar obsoleto, cobre su sueldo mensual por 6 años 


IPSUM IS

Daniel Fernando Bonfiglioli 

DNI 21.898.454

Daniel Bonfi como nombre de autor 

DNI 21.898.454


BENDICIONES BENDÍCEME BENDÍCENOS. AMÉN.

EN EL NOMBRE DEL PADRE. AMÉN. Amén.


jueves, 9 de abril de 2026

La abejita Chun Chun

 Había una vez en un panal una abejita trabajadora llamada Chun Chun. Ella iba desde las flores al panal llevando néctar en su buche para formar luego miel. Chun Chun hacía esto junto a 2500 amiguitas para formar un kilo de miel. Está tiene aparte de ser un endulzante natural, propiedades curativas. 

Don Paco era un apicultor que extraía un kilo de miel por día para darle a un merendero dirigido por Doña Enriqueta. Era placentero para los chiquitos merendar en el campo y mirar cómo se extraía la miel. Tajadas de pan tostado untadas con manteca y miel eran las favoritas de los niños.

Chun Chun los espiaba desde el panal a los chicos, con gran satisfacción y les autorizaba a sus compañeras a descansar una hora. Qué lindo es ser abejita pensaba Chun Chun. Los chicos a su vez comentaban lo rica que es la miel.


Daniel Bonfi


Bendiciones. Amén.


viernes, 3 de abril de 2026

Links a mis sitios oficiales

 Hola, soy el escritor Daniel Bonfi y les pido nobles lectores que sólo compren mis cuentos o novelas cortas únicamente en las librerías siguientes: 

 

Individuos delincuentes robaron libros míos que aún no están terminados. Hay como 84 argumentos y 5 que les falta de 4 a 8 capítulos. Los venden en e-torrents. 

Por favor no descargue desde e-torrents, es todo material robado. 

Mis sitios oficiales y únicos son: 

Facebook (20+) Facebook 

Pinterest: (439) Pinterest 

 

Daniel Fernando Bonfiglioli 

DNI 21.898.454 

Daniel Bonfi como nombre de autor 

DNI 21.898.454 

 

Bendiciones, bendicemebendicenos. Amén. 

En el nombre del Padre. Amén. AMÉN.