viernes, 26 de diciembre de 2025

Martina, Flopi, Agu y las tres linternas mágicas

Martina, Flopi, Agu y las tres linternas mágicas

de Daniel Bonfi


 Al llegar el ocaso en el cálido atardecer Martina entró a la casa. Preparó una ensalada de verduras frescas y crudas para la cena, que compartió con sus hermanos Agu y Flopi. Los tres dieron su opinión del viaje que estaban planificando. Agu pensaba que debían llevar poco equipaje personal y dejar más lugar para los víveres y para cargar la carpa que por tener capacidad para tres personas era algo grande. Flopi opinó que las comidas debían ser en su mayoría enlatadas o en cajas larga vida como por ejemplo la leche. Comidas frescas, dijo, no podrían llevar porque no tendrían como conservarlas. Martina estuvo de acuerdo con las opiniones de sus hermanos y agregó que sería bueno reservar con anticipación los boletos del tren que los llevaría a destino con el fin de no retrasar la partida. Los tres estaban muy entusiasmados soñando con los amaneceres, atardeceres, algunos almuerzos y las noches que pasarían en el lugar. Seguro que voy a tener el mejor amanecer en años, con cálidos colores, libre de nubes y un espectacular reflejo en el mar, predijo Martina. Agu, agregó que él estaba convencido que lo mejor iban a ser los atardeceres que simularían lo dorado y brillante de los otoños. Y Flopi comentó que ella esperaba poder disfrutar de la preparación de ricos almuerzos y cenas al abrigo de una fogata. De la noche todos tenían malos presentimientos. Tenían miedo. Llegó el día, todo preparado y al fin estaban en la estación de trenes esperando que llegara el que los transportaría a través de la cadena montañosa. Minutos más tarde estaban despachando el equipaje y un rato después tras subir tres escalones ya estaban a bordo del tren. Se sentaron en asientos enfrentados entre si. Había cuatro lugares para sentarse de los cuales ocuparon tres ellos y en el cuarto se ubicó un pasajero de unos cincuenta años y aspecto extraño. Tenía barba muy recortada y cabello rapado. Era un hombre como de cien kilos, no muy alto y fumaba cigarros cubanos. Tenía en sus manos un mapa, trazado sobre un papel gastado y amarillento, el cuál comenzó a observar con detenimiento ni bien alcanzó a sentarse. Y es por esto que los niños pensaban sobre todo que tenía un aspecto extraño. No habían podido reconocer el mapa, y parecía éste, contener una simbología rara al conocimiento poseído por los tres. Los chicos sólo atinaron a mirarse y no se atrevieron a iniciar conversación alguna. Y así fue todo el trayecto. El hombre tampoco les dirigió la palabra. Al llegar, el tipo guardó el mapa con premura y mal doblado en su equipaje de mano y descendió con rapidez del tren. Los chicos notaron que en el suelo había caído un objeto que levantaron y quisieron alcanzar al hombre pero al bajar del tren no pudieron dar con él. Bajaron su equipaje y luego de caminar unos metros, ya más descampado, les dio curiosidad observar de qué se trataba aquél objeto. Lo miraron de un lado y del otro. Parecía una extraña brújula, sólo que tenía tres direcciones y no parecía marcar ningún punto cardinal. Extrañados y sin determinar que era, lo guardaron y siguieron con la caminata, internándose en el bosque solitario. La lluvia no tardó en caer. Estaba muy nublado desde que salieron y cuando comenzaron a internarse en el bosque con el previo anuncio de unos relámpagos y truenos, comenzó a llover. Se protegieron del agua y del viento en una cueva pequeña que estaba excavada al pie de una montaña. No muy lejos se escuchaba la corriente del río. Parecía caudaloso por el rumor estruendoso que provocaba el paso del agua siguiendo su curso. Tuvieron que esperar, los niños, una hora y media para que dejara de llover. Mientras, habían estado sentados sobre la tierra dentro de la cueva y apoyados en el equipaje. Por apenas unos centímetros el agua no alcanzó a mojarlos. Salió el sol. Los chicos estaban contentos al punto que se abrazaron y empezaron a saltar dando círculos en la tierra ablandada por el agua caída. Esperaron una hora mientras bebieron una caja de leche chocolatada y comieron unas galletitas de cereales con pasas de uva. Cuando la tierra secó por el intenso sol, con apuro porque ya amenazaba el ocaso, armaron la carpa con capacidad para tres personas. La mayoría de los víveres decidieron dejarlos en la cueva donde se cobijaron de la lluvia, para mantenerlos a resguardo y los cubrieron con una lona impermeable que a la vez los protegería de las inclemencias del tiempo y haría de aislante térmico. Para cenar abrieron dos latas de atún al natural y dos latas de arvejas. De postre por unos días iban a tener frutas frescas. Luego explorarían el bosque para ver si había alguna planta con frutos comestibles. Cuando oscureció demasiado para ver algo, los niños decidieron acostarse a dormir y se despidieron hasta el día siguiente, ya que no contaban con sistema de iluminación más que tres linternas de mano y había que dejarlas para uso de emergencias que pudieran presentarse. En la primera mañana que despertaron en el bosque, a la hora más temprana del amanecer, encendieron un pequeño fuego luego de juntar leña y prepararon allí su desayuno. Calentaron leche que luego mezclaron con café y esa vez lo acompañaron con galletitas dulces. Tenían apetito, comieron todo el paquete de quinientos gramos. Ya habiendo saciado el hambre, se pusieron a contemplar una vez más la extraña brújula. Estaba guardada en una caja pequeña en forma de cubo con una tapa en forma de cofre. La sacaron de allí y la contemplaron. Era redonda, de algún material similar al bronce, una esfera vidriada en cuyo interior había tres puntos que si uno uniera con una prolongación imaginaria de líneas rectas formaría un triángulo equilátero. Cada punto era una letra impresa sobre relieve. Eran una a, una f, y una m. Ninguno entendía su significado y tampoco imaginaban siquiera para que serviría el aparato. Decidieron guardarla otra vez y mantenerla segura hasta averiguar el paradero del dueño. El hombre que perdió la brújula, no la había perdido. Su interés fue con exactitud que los niños la obtuvieran. El plan resultó perfecto. Esteban Girico logró que los niños se hicieran con la brújula. Los chicos estaban en el campamento cambiando ideas acerca que podría ser el misterioso cuadrante perdido por aquél hombre de barba recortada. Recordando su aspecto los niños supusieron que podría tratarse de un arqueólogo. Agu quedó cuidando la carpa y los víveres y Martina y Flopi bajaron hasta la estación de trenes para preguntar si alguna persona había reclamado el objeto perdido que ellos tenían en posesión. El encargado de la oficina les aseguró que nadie concurrió a buscar ninguna pertenencia extraviada desde hacía una semana. No le dio importancia a la brújula y les dijo que se la quedaran. Las niñas volvieron a la carpa y le contaron a Agu que no consiguieron obtener datos sobre a quién pertenecía aquél raro objeto. Los tres decidieron realizar una caminata y por las dudas los tomara por sorpresa la noche decidieron llevar las tres linternas que les había regalado su abuelo a cada uno cuando nacieron. El paseo resultó sobrecogedor; llegaron hasta el borde de un acantilado y contemplaron largo rato la puesta de sol. Comenzaron a desandar el camino recorrido a las primeras horas de la noche, que era fresca y estrellada. Tenía Agu una campera de jean, Flopi y Martina, en cambio habían decidido llevar un abrigo de polar. Rosa el de Martina y rojo fuerte el de Flopi. Como la luna estaba clara no necesitaron encender las linternas que las cuidaban como objetos muy preciados porque el abuelo, a medida que fueron creciendo les contó diversas historias y anécdotas acerca de dichas linternas. Tenían un valor simbólico muy especial para los tres aunque nunca supieron explicar por qué. El regreso a la carpa fue tranquilo y amigable. Vinieron en los últimos pasos planeando la cena que al final fue arroz frito y revuelto con hongos. A Flopi le gustaba mucho cocinar, a Martina le gustaba elegir y combinar los ingredientes de las distintas recetas y Agu disfrutaba saborear la cocina de sus hermanas, y después de las comidas dedicaba un tiempo que compartían entre los tres para dejar todo en orden y limpio. Esteban Girico estaba observando la actividad de los niños a la hora del desayuno tras una roca de tamaño grande. Los miraba entrar y salir de la carpa y cómo iban a buscar los chicos los alimentos a la cueva de la montaña. Se preguntaba si tendrían lo que él estaba buscando y quería obtener de ellos. Los niños calentaron su café con leche de caja sobre una pequeña fogata y lo acompañaron con unos biscochitos secos que permanecieron en esos días previos cerrados al vacío. Habían juntado frutas en el bosque el día anterior. Las probaron, entonces, para concluir con el desayuno. Tenían un sabor muy dulce las bananas y las naranjas eran muy jugosas. Luego que el sol marcaba la media mañana juntaron unas pocas cosas y salieron de expedición al bosque. Esteban Girico aprovechando la soledad del campamento entró y revisó muy bien la carpa revolviendo y desordenando todas las pertenencias de los niños. No halló nada que le interesara. Luego fue a la cueva de los víveres, y después de husmear entre éstos, se dio por vencido y regresó a su escondite, unos metros más arriba de donde se encontraba la carpa, detrás de la gran roca. Necesitaría observar con cuidado los movimientos de los chicos cuando regresaran. Los niños volvieron a la noche, pasada las veintidós horas. Cargaban unas frutas y algunos hongos y alumbraban su camino con las tres linternas. Cuando llegaron a la carpa, notaron enseguida que estaba el cierre abierto y tras una mirada adentro notaron el tremendo revoltijo que había. ¡Ladrones!, dijeron. Pero luego quedaron desconcertados al comprobar que no les faltaba nada. Ya no sabían de que se trataba todo aquello. A Esteban Girico se le iluminaron sus ojos malignos al ver que los niños tenían las tres linternas mágicas. Se abalanzó sobre ellos amenazándolos con golpearlos si no hacían lo que el les pediría. Les ordenó sacar la brújula, y alumbrar cada uno con su linterna los puntos escritos en el cuadrante. Agustín alumbró la a con su linterna, Flopi hizo lo mismo con la f, y Martina con la m. En el mismo instante en que los tres puntos estuvieron iluminados con las tres linternas, se dibujó delante de ellos un pequeño mapa, que en apariencia señalaba la ubicación de un antiguo tesoro situado en la misma montaña en la que los chicos habían acampado. Girico les ordenó caminar hacia la otra ladera de la montaña. Los niños iban cabizbajos y él canturreaba una horrible canción cuya letra hacía referencia a unos chicos devorados por la oscuridad. Los tres pequeños iban por delante alumbrando con sus linternas el camino y a corta distancia venía Girico iluminando la oscuridad con un farol a kerosén que daba mucha luz. Cuando llegaron al lugar el mal hombre hizo que los chicos iluminaran con sus respectivas linternas una a, una f, y una m que estaban grabadas sobre relieve en la roca de la montaña. Las luces atravesaron la pared de piedra y devolvió un reflejo que resultó enceguecedor para Girico y éste empezando a retorcer su cabeza y tapándose los ojos con las manos cayó al suelo aturdido por la potente luz. Los niños, en cambio vieron un tierno reflejo de su abuelo que les decía que eran los elegidos para cuidar la brújula, y las tres linternas mágicas que les otorgarían las respuestas ante las preguntas que se les fueran presentando en la vida. Martina, Flopi y Agu se abrazaron emocionados con un ligero temblor en las piernas y con algunas lágrimas en los ojos. Maniataron a Esteban Girico quién estaba totalmente indefenso por la magia de las linternas que habían obrado en su contra debido a que era un mal hombre 

lunes, 6 de octubre de 2025

Kurten - Cápitulo 17 - FIN -

Bajo la sombra de la galería que comenzaba en las Columnas de Hércules estaba el Gran Portal que conduce a la Atlántida, Después de caminar cincuenta metros, Kurten y Krilea, llegaron a la puerta de madera.

Ellos, adentro, donde había escritorios y papiros, se dieron la mano, se abrazaron, lloraron, y aliviados recordaron: Somos Vampirer, Krilea. Te amo. Y yo también Kurten, te amo.

El Rey ha vuelto, sonó en el aire. Vive, Kurten, vive; dijo la voz de Dios.

FIN


Continuará en Kurten 2 - REY KURTEN -

DANIEL BONFI

Bendiciones, bendíceme, bendícenos, Amén.

En el nombre del Padre. Amén. Amén.


martes, 30 de septiembre de 2025

Kurten - Capítulo 16

Daniel Fernando Bonfiglioli Copyrighted

DNI 21.898.454


En la cueva había una corriente de aire por la cuál estimaron que había una salida- Hacia el fondo era oscuridad y para el lado del este, se veían destellos de luz amarilla sol.

No había forma de salir. Retrocedieron sus pasos y volvieron a la entrada de la cueva. A lo lejos en una lengüeta de arena se veía una columna que les dio curiosidad de ir a ver de que se trataba. Se veía al fondo de la columna una pared formando casi una habitación hasta donde mostraba la vista al noroeste.

Se dispusieron a caminar hasta allí.

Bajo la columna había una inscripción en arameo antigua que decía al norte de estas columnas se encuentra la ciudad de la Atlántida.

Llegamos Krilea, son las Columnas de Hércules. Dijo Kurten con emoción.


DANIEL BONFI

Bendiciones, bendíceme, bendícenos. Amén.

En el nombre del Padre. Amén.

miércoles, 30 de julio de 2025

Kurten Capítulo 15

 Daniel Fernando Bonfiglioli COPYRIGHTED. 

DNI 21.898.454 

 

Krilea se incorporó y con voz clara y emotiva lo recibió a Kurten, con un claro gesto de amor. Se dieron un beso, un abrazo y se pusieron de pie. “El Rey ha vuelto", dijo él. 

“Al fin mi Rey” respondió Krilea, la Reina. 

Él le tomó la mano. “Caminemos, le dijo” 

Mientras avanzaban iban mirando lo difícil que parecía subir a la superficie. 

El cilindro resultaba imposible porque no iban a poder trepar. 

El mar subterráneo no se veía desde dónde se formaba. 

Hacia el interior, sobre la arena del golfo se eleva un jardín de piedras similar a espacios verdes, sólo que allí había cúmulos de areniscas. 

En un rincón se encontraron con que descendía desde la montaña y rocas de las paredes, un hilo de agua dulce. 

Arriba como quien mira el cielo sólo se veían raíces en los bordes y oscuridad en el centro de ese techo natural. 

Más allá había una cueva cuya entrada podría conducir a la salida. 

 

DANIEL BONFI 


Bendiciones

martes, 29 de julio de 2025

Kurten Capítulo 14

 Daniel Fernando Bonfiglioli COPYRIGHTED

DNI 21.898.454


Luego de atravesar la escueta abertura de la montaña de Kroleon, tuvo, Kurten que introducirse en un pequeño cilindro de un metro de diámetro horadado en la corteza terrestre de la base de la cordillera, que descendía hasta cincuenta metros bajo tierra. 

Cuando llegó al borde inferior del cilindro con forma de túnel, se descolgó amortiguando con sus piernas una caída de cuatro metros hasta llegar a un suelo de arena. 

Dos minutos después de caer, se incorporó y con sus piernas firmes contra el suelo, empezó a observar una lengüeta de tierra que rodeaba de forma semicircular el mar subterráneo hasta llegar al golfo de Krilea. Ella seguía desmayada pero Kurten todavía no podía verla, aunque si sentía su presencia. 

Tuvo que caminar treinta y cinco metros para llegar a la Reina Krilea. 

Ella despertó y sonrió mientras Kurten besaba su mano.. 


DANIEL BONFI

Bendiciones, bendiceme, bendicenos. Amén.

En el nombre del Padre. Amén.

lunes, 7 de julio de 2025

Kurten - Capítulo 13

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Kurten llegó a la base de la montaña de Kroleon caminando a paso fuerte y veloz. Krilea alcanzó a suspirar con un balbuceo débil: "Por fin amor, estás aquí", y se desmayó. A pesar de ello, había alcanzado a sentir la presencia del Rey, su esposo.

Kurten encontró una grieta para bajar al Golfo de la tierra media, el Golfo de Krilea. Como no era grande la abertura pensó como habría hecho la Reina para bajar ahí, apurado por descender en la corteza de la tierra para rescatarla lo antes posible.

No podía presentirla y bajó por un pasadizo pequeño dónde apenas pasaba un hombre común. Como Kurten era bastante ancho de hombros, le dio trabajo ingresar a esa especie de túnel natural.

DANIEL BONFI

Bendiciones bendíceme bendícenos. Amén.

En el nombre del Padre. Amén.


miércoles, 25 de junio de 2025

Kurten - Capítulo 12

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El Expreso Sierras de Kroleon iba por la carretera rápido aunque prudente. Kurten estaba sentado en el asiento de cuero número 16. El viaje transcurría con tranquilidad mientras leía en esa tarde temprano de sol verdeamaril y avanzaba tranquilo por la ruta asfaltada. Entre página y página, él levantaba la vista para mirar a través de las ventanas impecables con apenas un poco de polvillo.

Las sierras y la montaña de Kroleon se veían ya nítidas en el horizonte interrumpido por las rocas, arenisca y el pico máximo de la montaña. Es posible que el Golfo de Krilea se encontrara debajo de la base de Kroleon por referencia a todo lo elevado de la tierra en dicho pico vaciando la tierra en la misma proporción para abajo.

DANIEL BONFI

Bendiciones, bendíceme, bendícenos. Amén.

En el nombre del Padre. Amén.


viernes, 13 de junio de 2025

Kurten - Capitulo 11

COPYRIGHTED Daniel Bonfiglioli

DNI 21.898.454


Kurten, luego de presentir a Krilea, y verla con sus dones, se dirigió al ayuntamiento para conseguir el libro "Viaje al Centro de la Tierra" de Julio Verne. En su mochila sólo quedaba lugar para dos libros más.

Leyendo el libro en la cantina pudo notar que el Golfo de Krilea era subterráneo, pero no coincidía el ingreso a esa tierra media, en el libro recién comprado.

No obstante recordó y pudo visualizar otra vez que había una grieta en la base de la montaña de Kroleon

Según sus deducciones esa grieta estaba a doscientos cincuenta kilómetros.

Decidió viajar en el Expreso Sierras de Kroleon. "Voy por ti, Krilea" balbuceó Kurten con emoción.


DANIEL BONFI

DNI 21.898.454


Bendiciones, bendiceme, bendicenos. Amén.

En el nombre del Padre. Amén