sábado, 8 de octubre de 2022

Driblin el beagle

 

Driblin iba trotando y suelto con Fernando que venía caminando tras él.

Fernando llevaba al perrito a una plaza. El pichicho se ponía loco de contento correteando entre niños y dónde también se curaba con algunos yuyitos del lugar.

En eso apareció Lorena con un “imponente” Caniche Mini Toy que le habían dejado unos amigos para cuidar mientras se iban de vacaciones.

El perro de Fernando es un Beagle. Los dos cachorros se pusieron a correr y jugar sobre el parejo césped de la plaza.

En su casa Driblin, le contaba Fernando a Lorena, que le gustaba dormir en su cucha acolchada y cómoda. Decía que algunas veces hasta dormía boca arriba como si fuera humano. Algo como que le faltaba hablar nada más.

“Driblin es un perro fiel y activo. Lo llevo a caminar todos los días por algún espacio verde de la ciudad.” Contaba Fernando orgulloso.

Cuando las mascotas se cansaron de jugar, fueron con sus dueños a terminar la tarde con una fiesta de bocaditos para perros. También le dieron agua en un platito que cada´ uno llevó con ese fin. Vertieron el agua de una botella en los recipientes y los perritos se sacaron las ganas de tomar agua.

Luego, mientras dormían las mascotas, Fernando y Lorena se pusieron a jugar a la generala hasta que descansaran los perritos.

 

Bendiciones. En el nombre del Padre. Amén.


domingo, 29 de mayo de 2022

Azahares de café

1

 

Las casas de té

Abrumadas de gente

Entre café y café

Festejan el día nacido

Entre medialunas

Y manteca.

La felicidad retoza

Entre amigos

Parejas

Y otros con notebooks

Viviendo la experiencia

Del ser

Ese ser inquieto

Y tranquilo

Lleno de amor

Y familia.

La vida es un constante

Desayuno

Nos levantamos y volvemos a vivir.

 

 

2

 

Al abrigo de un desayuno

Viví la vuelta a la vida.

Ya sin cadenas

Con nueva personalidad

Me gusta la libertad

Me gusta el amor familiar

Y de otras personas

Que van apareciendo

En mi vida llena

De afectos cercanos

Y no tanto.

El desayuno está servido

Vuelvo a vivir.

 

 

3

 

El aroma al café

Aspiré otra vez

Mis sentidos repletos

De felicidad y placer.

Danzan en desayuno

Tranquilo al tamiz del sol

Entre clima frío y bufandas

Mi poesía renace.

Entre alborotos

De mesas cercanas

La tranquilidad prima

En la mía.

Notebook café

Y poesía.

 

4

 

Mesas vecinas

Ruido mundano

Al acecho de internet

Entre celulares y notebooks

Desafiamos la camaradería

Solo nos salvan y rescatan

Fotografías y páginas

De belleza cuando

El elegir es la norma

Bluetooth wi fi

La conexión es grata.

No reeemplaza a las personas

Pero aletarga

El dolor de la soledad

Que yo no siento

Pero otros sí.

Yo no quiero alboroto

Ni ruido en mi vida

Siempre estoy bien

Y más al abrigo

Y sosiego de la escritura

Labriega.

 

Daniel Fernando Bonfiglioli

DNI 21898454

Daniel Bonfi

Bendiciones.

En el nombre del Padre. Amén.

 

lunes, 1 de noviembre de 2021

Agustin y Flopi en la isla del tesoro

 



Daniel Bonfi copyrighted



Agustin y Flopi en la isla del tesoro


DANIEL BONFI




1- El mar


Agustín prefirió esperar junto al kayac. El día estaba luminoso, el sol inundaba el mar, el oleaje del mar  mojaba la arena de la playa. En la playa había una competencia de canoas. Los niños, todos de siete años como exigía el reglamento abundaban de buen humor. Sonrientes y ansiosos esperaban el inicio de la prueba. Había que remar hasta una boya cien metros adentro, las olas no eran grandes, el océano estaba quieto. El kayac de Agustín era azul y tenía grabado con aerógrafo en la parte superior de la popa en llamativos colores rojo y negro la imagen del hombre araña y en la proa un Snoopy surfista. Tenía el número diez en la parte posterior de la camiseta que identificaba a los participantes y la S de Superman en el pecho.

En el puerto, Agustín admiraba con mirada soñadora un gran submarino científico que solía estar amarrado una vez por semana, los días Sábados. Era la comparación de éste con su canoa el vínculo que hacía crecer su pasión por su kayac y el mar.

Cuando eran las cuatro de la tarde la prueba de velocidad empezó, los participantes eran veinte. Todos con gran vitalidad y energía remaron hasta la boya. Agustín remó con fuerza y concentración y logró obtener el primer lugar. El premio era una enorme copa dorada con un kayac en lo alto. El mar le daba así otra alegría a Agustín.



2- Aparece y desaparece


Era Sábado por la tarde, ahí estaba Agu y el submarino. Un hombre aparece y desaparece en la cubierta. El niño pedaleando con su bici se acercó al sitio donde aquel aparato estaba amarrado. El hombre de la cubierta apareció detrás de él. - Qué buscas niño? - preguntó - y Agu se fue. El aspecto del marinero era tenebroso.



3-  La mancha negra


Agustín siguió a toda carrera por los corredores libres que dejaban los contenedores que esperaban ser transportados por algún barco de carga. La curiosidad hizo por fin detenerlo y pensar que sería la mancha negra que el marinero tenía tatuada en su brazo derecho entre el codo y el hombro. No tardó en tener la idea de ir a espiar para observar de cerca el tatuaje del hombre.

Se acercó con su bici hasta ubicarse detrás de unos tambores de combustible, se bajó de la misma, la apoyó en el suelo con cuidado y se puso a observar sin perder pisada las tareas del marinero, dispuesto a acercarse durante algún descuido. Lo vio cargar cajas durante una hora al submarino. Se preguntaba que contendrían éstas.

Luego de un rato el marinero se dispuso a descansar. Para ello se apoyó de espaldas en un contenedor y extendió sus piernas sobre el suelo. Después de un breve tiempo se durmió. Agu aprovechó el momento para acercarse. En puntas de pie, sin hacer ruido y casi sin respirar observó con calma el tatuaje en el brazo. Notó que tenía un escrito en el centro de la mancha.



4- El escrito


Agustín, quién le gustaba leer y sabía hacerlo bastante bien no tardó en comprender el garabato. Decía el escrito: “muelle tres, cofre negro”.

Agu se alejó del hombre y se sentó pensativo junto a su bici. Qué había en el muelle tres, cofre negro?



5- El cofre


Lo primero que hizo Agu fue ir transportado por su bici al muelle tres. Debajo de la inscripción en la pared que lo identificaba había un pequeño dibujo de una flecha que señalaba hacia abajo. Agu notó que la tierra no estaba pareja y se puso a escarbar. Así fue que encontró un pequeño cofre negro.



6- Los papeles


Había en el cofre negro, un auto en miniatura de oro en cuyo baúl tenía unos misteriosos papeles doblados. Agu los desplegó y comenzó a leerlos con la gran habilidad que había adquirido para hacerlo durante su primer grado de escuela.

Pudo informarse Agustín, mediante los papeles sobre la existencia de una isla deshabitada ubicada en un lejano lugar rodeada por muchos kilómetros de agua salada del inmenso océano. En ella, decía uno de los papeles se hallaba un tesoro escondido en la copa de un árbol frondoso y añoso.


7- Voy a la Isla del Gran Tesoro


Agutín se quedó con el mapa que ubicaba el árbol dentro de la isla en el que estaba el tesoro. Enterró el cofre en el mismo lugar, subió a su bici y emprendió el regreso a su casa. Dentro de su habitación y observando el mapa, tomó la decisión: voy a ir a la isla del gran tesoro.



8- En el puerto


Al día siguiente, Agu fue otra vez al puerto a vigilar que no zarpe el submarino. Detrás de la puerta de un galpón escuchó al abominable marinero del tatuaje, decir a su tripulación que zarparían en dos días para dar con el tesoro. Agu pensó que eso le daría tiempo para organizarse. Empezó entonces a pedalear en su bicicleta por el puerto en busca de un medio para llegar hasta la isla.



9- La moto acuática


Recorriendo el lugar, Agu vio una moto acuática, con lo que pensó con rapidez que ese podía ser el transporte adecuado para viajar hasta la isla ya que lo podría manejar con cierta facilidad. El inconveniente era que no era cómoda para transportar víveres o combustible extra. Explorando un poco más el puerto encontró un bote a remo, liviano y chico que podría remolcar con la moto de agua. Así que decidió emprender el viaje al día siguiente en horas de la madrugada para llegar un día antes que los temibles marineros.



10- El viaje


Estaba Agustín enganchando el bote a la moto acuática a las seis de la mañana. En el bote había colocado con cuidado el combustible y los víveres que consistían en cinco pizzas, ocho gaseosas, siete botellas de agua mineral, una bolsa de caramelos, cinco sandwichs de milanesas. Pensaba dar la vuelta en cinco días.

Con todo armado inició el viaje. Aceleró la moto, el bote detrás y se internó en el mar mientras iba observando su brújula.



11- La isla


A las dos de la tarde, llegó Agu a la isla con su moto, su bote y sus víveres luego de haber cargado dos veces combustible. La isla tenía un aspecto paradisíaco. Agu ocultó la moto acuática y el bote detrás de unos arbustos y se internó en la isla. Había árboles de entre cinco y siete metros de altura, de copas frondosas. Se veía una gran montaña hacia el centro de la isla, detrás del tupido bosque. Agu había desembarcado en un pequeño golfo donde el agua era transparente y la playa de abundante arena.



12- La niña de la isla


Iba Agustín explorando el bosque cuando de pronto vio a lo lejos correteando entre los árboles una pequeña niña que Agu estimó tendría unos cuatro años de edad. Quiso alcanzarla pero la perdió de vista.



13- Los marineros


Al día siguiente Agu vio desde la costa, al despertar la silueta del submarino sobresaliendo en el mar y notó que estaban desplegando un bote de goma tres o cuatro marineros sin duda con la intención de llegar hasta la isla. Rápido, Agu se internó en el bosque con la ansiedad de encontrar el tesoro antes que ellos. La pequeña Flopi cómo había decidido llamar Agu a la inquieta hada del bosque iba correteando y a los saltos mostrándole desde lejos el camino a Agustín.



14- El tesoro


De repente Flopi desapareció de la vista de Agu. Al frente de él había un árbol de hojas amarillas, diferenciado del resto de la arboleda por el color de su follaje y por estar al pie de la montaña erguido sin nada alrededor. Sospechó Agu que ese sería el árbol de la isla del tesoro.

Cuando se disponía Agustín a trepar a la copa del árbol escuchó gran alboroto. Venían a escasos metros tres de los marineros cantando y riendo. Agu volvió al bosque y se agachó detrás de un árbol para espiar a los tenebrosos hombres. Cuando ellos alcanzaron la copa del árbol comenzaron a maldecir. El tesoro no estaba. En ese instante y por tres metros a la redonda del árbol empezó a hundirse la tierra en una gran trampa. Los tres marineros cayeron dentro y era imposible salir.



15- Flopi y Agustín comparten el tesoro


Flopi que era la guardiana del tesoro guió a Agu correteando por el borde de la montaña y haciendo gestos con la mano hasta una gruta ahuecada en la base de las rocas. Ahí, sabiendo que Agu era el elegido para ayudarla a cuidar del tesoro, destapó un paño rojo mostrando de esa manera el codiciado tesoro. Agustín deslumbrado aceptó en un pacto de amistad con la pequeña hada, cuidar el “libro de los niños buenos” que era el gran tesoro de la isla.

Fin


Bendiciones.

En el nombre del Padre. Amén.

viernes, 16 de julio de 2021

Cómo leer un libro digital epub (como los que se ofrecen en éste blog)

Para leer libros digitales en formato epub hay que descargar en la PC el software Adobe Digital Editions 

https://www.adobe.com/solutions/ebook/digital-editions/download.html


Una vez descargado e instalado vamos a la carpeta descargas o downloads y hacemos clic derecho sobre el libro digital y vamos a “abrir con” y luego a “Adobe Digital Editions”.

Por otro lado para leer libros digitales en formato epub en Android hay que descargar o usar la App PlayLibros desde el Play Store.

Una vez instalada la app PlayLibros descarga un libro del blog y yendo a Mis documentos elegimos la carpeta download o descargas y le hacemos clic en el libro que acabamos de descargar. Y ahora: a leer ...

Recuerde en el celular hacer clic en la flechita que dice "pages" para ver las pestañas del blog. En la PC están bien visibles y dichas pestañas se llaman "Poesías" "Narrativa para niños" "Narrativa para jóvenes adultos".

Gracias. Un abrazo!

Daniel Bonfi

viernes, 18 de octubre de 2019

martes, 23 de julio de 2019

La habitación deshabitada

Este escrito lo imprimí desde mis sentimientos en una ciudad que no era la mía y con toda la nostalgia de mis raíces.
Con ustedes, el escrito:




Cuando la habitaba, ahí estaba; habitada. Yo vivía ahí, yo pasaba gran parte de mi tiempo en ella. Yo, en ella era feliz y dichoso. Pensaba, leía, sonreía cuando el libro así lo requería, lloraba si así lo imponía, más razonaba cuando así lo exigía. En el gran escritorio del rincón nunca faltaba un buen libro que hiciera estallar innumerables emociones y satisfacciones. En el pequeño mundo de mi habitación todo era posible. En ese mundo yo establecía las leyes. Café caliente, con dos cucharaditas de azúcar en pleno invierno, café cortado con leche fría en otoño y primavera, y deliciosos licuados de diferentes frutas en verano. Éstas eran las leyes que regían mi mundo físico, pero naturalmente las había también para regular mi mundo psíquico. Por las mañanas lecturas intelectuales, les diría, que prácticamente era un estudio minucioso y detallado de diferentes realidades existentes en el mundo externo, ajeno a mi habitación. Por la tarde, enseguida después del almuerzo, lecturas placenteras; como ser novelas clásicas o tal vez algún interesante best-seller. A media tarde me actualizaba de las noticias y novedades del mundo de los diarios. Por la noche, ya después de la cena solía escribir. Escribía cuentos, como éste tal vez, o probablemente algunos que reflejaban mi vida sentimental con respecto a las demás personas que me rodeaban.
En el pequeño y rico mundo de mi habitación, también soñaba. Lo hacía de día y también de noche. 
De día, despierto; de noche, dormido. Entre mis ensueños diurnos o matutinos, entre las pausas que hacía de mis lecturas intelectuales, el más habitual era despertarme en una fría mañana de montaña, abrigado al calor de la fogata de un acogedor refugio instalado en la cima, para poder apreciar el inmenso paisaje que existiera a lo más lejos que alcanzara mi visión. También lo era, habitualmente soñar despierto con lo opuesto, presenciar un fresco atardecer en una inmensa playa solitaria, bañada por las ruidosas y traicioneras olas del mar. Un atardecer que sería de cálidos colores y de fresca brisa.
De noche soñaba aproximadamente lo que sueñan todos los seres humanos, y quien sabe si algún otro animal que posea ésta facultad, aún no comprobada. Tenía sueños inverosímiles, fantásticos, visionarios.
En mi habitación planeaba viajes alrededor del mundo, mundo que siempre terminaba recorriendo a través de libros, y cuán placentero era. Leer la historia del antiguo Egipto, experimentar su riqueza, y observar detenidamente fotografías de sus milenarias esfinges. Hacía transportarse mentalmente hasta el lugar. Viajaba también por Europa: Italia, y leía, y a la vez era partícipe de su legendaria Roma, Francia, con la riqueza de su querida y famosísima París, España y recordaba nuestro controvertido pasado, Alemania y deseaba aprender su idioma, como así también el de otras naciones, para comprenderlas mejor, y si algún día viajara poder comunicarme con esos ricos seres. Viena y sus valses famosos, Praga y sus deliciosos puentes. Venecia y sus románticas góndolas.
En mi habitación disfrutaba del silencio, y también del murmullo de la lejana conversación que provenía de mi familia. Murmullo que era imperceptible por su significado pero que sonaba como una dulce melodía. Una suave mezcla de voz femenina y masculina.
Penetraba en mis sentidos, suavemente por los ojos la delicada textura de las paredes, el tranquilo color verde agua de ellas me hacía evocar el mar, que aún no conocía, ni sabía si iba a conocer personalmente. Ingresaba por mi olfato, la perfumada cera de los pisos de madera, y la delicada fragancia de las sábanas limpias. Por el tacto, sentía la textura de mis libros, de sus tapas y sus hojas.
En la soledad de mi habitación, habitada sólo por mi y un mundo de libros, había un aparato de radio que a veces rompía la monotonía del silencio y en ocasiones interrumpía la suave melodía de aquella apropiada mezcla de voz femenina y masculina. Cuando ocurría ésto último, desconectaba la radio, pues prefería escuchar la dulce melodía.
Hoy, ya no estoy ahí, en mi querida habitación. De tanto soñarlo y planearlo, estoy al fin dando la vuelta al mundo. Estoy amaneciendo en la cima de las montañas y anocheciendo con la caricia de la fresca brisa del mar. Estoy recorriendo Egipto, Italia, Francia, España, Alemania, Viena, Praga y Venecia; pero al fin, sólo una cosa deseo intensamente, y es volver, a mi hoy deshabitada habitación.