Daniel Fernando Bonfiglioli COPYRIGHTED.
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Krilea se incorporó y con voz clara y emotiva lo recibió a Kurten, con un claro gesto de amor. Se dieron un beso, un abrazo y se pusieron de pie. “El Rey ha vuelto", dijo él.
“Al fin mi Rey” respondió Krilea, la Reina.
Él le tomó la mano. “Caminemos, le dijo”
Mientras avanzaban iban mirando lo difícil que parecía subir a la superficie.
El cilindro resultaba imposible porque no iban a poder trepar.
El mar subterráneo no se veía desde dónde se formaba.
Hacia el interior, sobre la arena del golfo se eleva un jardín de piedras similar a espacios verdes, sólo que allí había cúmulos de areniscas.
En un rincón se encontraron con que descendía desde la montaña y rocas de las paredes, un hilo de agua dulce.
Arriba como quien mira el cielo sólo se veían raíces en los bordes y oscuridad en el centro de ese techo natural.
Más allá había una cueva cuya entrada podría conducir a la salida.
DANIEL BONFI
Bendiciones