1
– En el reino de Isla Dulcera
gustín
y Flopi sospechaban del señor Candi, admiraban a la princesa Dulceza, y se
divertían sin parar en el reino de Isla Dulcera. Siempre comenzaban a jugar un
juego tras otro. Nunca había un final, si no era ajedrez, era tenis, si no era
tenis, eran juegos electrónicos o eran largos paseos por el reino. Si no
jugaban a la pelota, corrían en las escondidas. O jugaban con los autitos, o se
divertían simulando ser doctores, veterinarios o enfermeros. También jugaban
con pequeños muñecos de superhéroes o esbeltas muñecas con distintos aspectos.
Entre juego y juego comían caramelos y bombones, cuando no algún turrón de
chocolate y nueces.
Las casas eran rojas y las hojas de las plantas
amarillas. Las paredes coloradas hacían contraste con los techos y las
aberturas blancas. Las veredas, de madera de pino daban un aspecto elegante al
pueblo. El aire era suave y con aroma a rosas, aunque en las plazas prevalecía
la potente fragancia de los jazmines.
Veían en Dulceza una gran belleza, más linda aún que
las muñecas con las cuáles se entretenían, y les gustaba de ella su gran amor
por los animales. Cuidaba en su palacio a veintitrés caballos, doce perros y
también albergaba en tres acuarios a peces de pequeño tamaño y diversos colores.
Los más abundantes eran los de tono anaranjado. Agustín y Flopi también
cuidaban a varias mascotas. Uno de sus preferidos era un cobayo que cada tanto
se escapaba y roía las puertas y muebles de madera. Otro de los más queridos
era el perro San Bernardo al cuál le tenían prohibido la entrada al cuarto
donde alojaban el cobayo.
El señor Candi robaba caramelos y juguetes a los
chicos del reino y temían Agu y Flopi que estuviera por cometer otras maldades.
Su ceño fruncido y la mirada entrecerrada de sus ojos hacían prever que el hombre
de joroba pronunciada, gigante y refunfuñón en extremo era por naturaleza
maligno.
2 – La
princesa Dulceza
a
princesa Dulceza amaba tanto a los niños del reino que repartía juguetes en los
días de fiesta, organizaba grandes campamentos en el campo que había al costado
del palacio real donde daba golosinas y preparaba juegos y espectáculos de
magia para que se divirtieran los pequeños en los fines de semana. De Lunes a
Viernes iba casa por casa revisando las tareas de los niños y les daba consejos
sobre como ser buenos chicos que ellos escuchaban con atención y ponían de
inmediato en práctica. La princesa Dulceza hacía esa actividad por las tardes
mientras que a la mañana le dedicaba tiempo y cuidados a sus mascotas. La mascota
preferida de Dulceza era uno de sus perros al que iba a acariciar de inmediato
todos los días luego de despertar y desayunar. Mientras desayunaba pensaba en
cómo estarían todas sus mascotas aunque sin variación el primero en saludar con
una caricia era a su perro Duz, el preferido.
Para las fiestas de fin de año, la princesa recibía
las cartas con los deseos de los niños que ellos mismos escribían soñando con
el año entrante. Los leía, hacía luego una fogata con ellos y les encomendaba a
los duendes del reino que se los cumpliesen.
Dulceza conservaba como papeles amarillos en sus
antiguos recuerdos la escuela donde creció su deseo de convertir su reino en un
lugar maravilloso. Ella, unos cuántos años más tarde lo estaba logrando. Sus
antiguas obligaciones como estudiar y aprender a amar a los demás y respetarse
a ella misma resultó en una personalidad brillante.
3- Atardecer
sin sol
a
princesa aguardaba con ansiedad caminando de un lado a otro de la puerta del
palacio, entrando, saliendo, entrando y volviendo a salir; la llegada de Agu y
Flopi a quienes ella misma había invitado el día anterior a tomar la merienda.
Había oído del cobayo y del perro San Bernardo de los chicos y quiso conocer a
sus dueños.
Pero para desgracia de la princesa el señor Candi,
quién estaba merodeando desde hacía unas horas el palacio al verla afuera no
desperdició la ocasión de raptarla, para pedir a los chicos del reino
abundantes caramelos y juguetes si es que querían volver a ver a la hermosa
princesa.
Horas después cuando todos los habitantes del reino
sabían de la desaparición de la princesa la negra noche se adelantó como
consecuencia de un atardecer de un día nublado. Un atardecer sin sol.
4- Un sombrero
a medianoche
espués
de discretas y grandes tareas de investigación obtuvieron información útil, los
chicos, y Agu y Flopi sobre todo, ya que eran los líderes de la búsqueda de la
princesa.
Uno de los chicos relató que vio pasar a unos metros
de su casa al señor Candi. Llevaba puesto un sombrero gris. De modo que todos
en el pueblo salieron cerca de la medianoche a recorrer la zona por dónde Candi
había sido visto.
Agu y Flopi que iban caminando con una linterna cada
uno en el medio de la oscura noche alumbraron en el umbral de la puerta de una
casa el mencionado sombrero gris, y no tuvieron dudas de que pertenecía al
secuestrador.
En unos minutos luego que los chicos dieron aviso del
hallazgo, decenas y hasta centenares de niños llegaron al lugar.
5- La fuerza
del bien
gu
y Flopi se pusieron al frente del rescate de la princesa. Se armaron con
pistolas de agua, baldes con chocolate derretido, y escopetas con dardos de
ventosa. Rodearon la casa, Agu y Flopi subieron al techo y vieron a través de
un tragaluz a la princesa maniatada y amordazada. El señor Candi estaba en un
escritorio escribiendo una carta a los chicos del reino para solicitar le
entregasen golosinas y juguetes a cambio de liberar a la princesa mientras se
llevaba a la boca caramelo tras caramelo, bombón tras bombón.
Agu y Flopi hicieron señas a los chicos desde la
cornisa para que se dispusieran a ejecutar el plan trazado para el rescate. Dos
chicos golpearon a la puerta; el señor Candi espió por la mirilla para ver
quién llamaba. En eso Agu y Flopi descendieron por el tragaluz a la habitación
donde se encontraba la princesa Dulceza. La desataron, le quitaron la mordaza,
se dieron un abrazo y fueron hacia el frente armados con las pistolas de agua y
mojaron a Candi. Dieron en el mismo instante una señal con un silbato y los
demás chicos forzaron la puerta de entrada a la casa, y se abalanzaron sobre
Candi derramándole dos baldes de chocolate derretido sobre la cabeza. Ya en el
suelo lo ataron de pies y manos y lo entregaron un poco más tarde a las
autoridades policiales del reino. Por fin Candi iba a dejar de perturbar la paz
de Isla Dulcera.
6- Final feliz
a
princesa Dulceza organizó una fiesta para agradecer a todos los niños del reino
y feliz con la iniciativa de sus amigos preferidos Agu y Flopi, los invitó para
que fueran a vivir con ellos al palacio real. Ellos aceptaron con la condición
de llevar consigo al perro San Bernardo y al cobayo, lo cual la princesa aprobó
de inmediato. Y así fue que felices y contentos vivieron Agu y Flopi con su
querida princesa Dulceza por largos años jugando, cuidando mascotas, comiendo
golosinas, y leyendo muchos libros.
Fin